Homenaje a MAX AUB |

MAX AUB nació en PARÍS el 2 de junio de 1903, murió en Ciudad de México el 22 de julio de 1972.
EN este año, centenario del nacimiento de este extraordinario escritor, LA LECTORA IMPACIENTE le rinde su pequeño homenaje.
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FRAGMENTO DE El laberinto mágico III: Campo de Sangre Qué comedia, Paulino! Un hotelito, ito, ito. Una torre que dicen aquí. ¿Dónde? ¿En Sarriá? Sancho dijo Salvidrera. Verdes pinos, lejanías azules. Pero la veranda no tiene horizonte. ¡Veranda! ¡Dulcísima palabreja!, ¿quién lo diría?: de origen inglés o indio —no me acuerdo—. Ver, anda; anda a ver, veranda. Levántate y anda: veranda. No debe estar en el diccionario. Lo nuestro: mirador. Pero veranda dice ya decorado: una emperifolladísima veranda, sillones de mimbre, retorcidos espaldares, aretorbellinados mimbres. Un loro. Loro y jaula. Una jaula dorada, con pie, con cristales de colores. Todo el escenario convertido en una jaula. Injerto de flores, abanicos, búcaros, persianas. Muchas persianas, todo persianas. Y una falda trencillada. Alambres cobrizos, trapecios. Si la montara Meyerhold, los personajes se columpiarían en trapecios: comedias de loros y cacatúas. Muchos lazos de colores de ésos que llaman favores. Favores rosas y celestes. Remedo finesecular. ¿A lo...? ¿Cómo se llama el pintor ese amigo de Gash? Grau Sala. Calla, lorito, lorito real, real. La escena tras una cristalera de colores. Ahora lo verán todo azul, ahora lo verán todo verde.
Mi rentista, catalán. Jícara. Bizcocho nevado. Chocolate. ¿Cómo se llama ese plato con abrazadera para su taza? ¡Maravilla del teatro! ¡Mundo! ¿Hay algo que se le iguale? ¡Cuerpo! ¡Esplendor! ¡Ideas encarnadas! Tú dices lo que yo quiero que digas. Dios, autor dramático. Perdón. ¿Por qué no? Decimos lo que queremos pero el impulso fue soberano. Tampoco mis personajes salen como yo quiero. Libre albedrío. Bastaría el teatro para prueba de la falsedad de la predestinación. Porque no sé exactamente lo que quiero. He aquí un enemigo y mi vencimiento. La mediocridad: no saber lo que se quiere. Veo el conjunto, la aureola de mi deseo, el fin. Tengo el marco y la anécdota. Una idea y el mundo. Fáltale vida. Se levanta el telón. Nadie en escena. ¿Nadie en escena? ¡Arte para todos y para ninguno! Escenario, universo mío para los demás. Todos sentados frente a mí, boquiabiertos y yo boquirroto. Darles el maná. Poner un espejo en vez del telón de boca. Telón de boca, para taparles la boca abierta. Telón de ojos. Quitarles las telarañas de los ojos. Legañas. Se levanta el telón. Yo: espejo de mil. Personajes míos, vivos y coleando. Altos, anchos y gruesos. Con vello de verdad, con voz de verdad, con sangre de verdad, como si su alma fuese de verdad. Almas que parecen almas y no se pueden salvar... |