Homenaje a TERENCI MOIX |

TERENCI MOIX nació en Barcelona el 5 de enero de 1942, ha muerto hoy 2 de Abril de 2003 en Barcelona.
De los que lo quisimos, nos reímos y lloramos con él, nuestro cariñoso homenaje en su retorno definitivo al Valle de los reyes.
|
DE
TERENCI DEL NILO Aquí
se puso el sol de la herejía, pero el
ardor de aquel otro sol que abrasaba al paisaje desnudo me demostró
que toda la aventura de los libros, el cine, los tebeos y demás trastos
del consumo que yo había codiciado en mi adolescencia, entre las
callejas tristes de una ciudad gris, ya no tenían comparación con la
magnitud de aquella aventura espiritual que me era comunicada a través
de sus ruinas mas miserables. Cierto: yo no podía hincar las espuelas
en la carne de un corcel
salvaje, ni convertirme en héroe dudoso de una guerra contra los
beduinos
del desierto: no podía imitar con cuatro torpes mandobles a aquellos
musculosos héroes dibujados con tinta china, ni atravesar la pantalla
del cinemascope convertido en capitán de una tropa de soldados
ingleses asediados por feroces tuareg: ninguno de esos sueños era ya
factible; pero es cierto que ninguno era ya importante. Ni siquiera lo
eran las descripciones que yo pudiera hacer de un paisaje, el esbozo de
un libro nuevo, las postales que podría llenar contando a una amiga de
Cincinatti cuán hermoso es el terreno de la Ciudad del Sol (si hubiese
en él algún remoto resto de hermosura). Aquí, la secreta
comunicación
entre los enigmas de la familia amárnica y mi búsqueda personal se
establecía corno lo más sublime que yo haya conocido antes o después
de mi primer viaje a Egipto. Y las dimensiones de aventura que yo había
buscado en sus valles, en sus tumbas, en sus desiertos se transfiguraba
hasta alcanzar aquella dimensión espiritual. Ella transfiguraba al
mismo tiempo toda mi pequeñez de adolescente en Barcelona, me
engrandecía definitivamente hacia un mundo donde podía reclamar el
derecho a llamarme Terenci del Nilo. Representaba, en resumen, la
primera aventura espiritual que me
era dado vivir y que al imponerme con
fuerza avasalladora rechazaba calificaciones, encasillamientos
tan dudosos como "religioso”, «divino», «metafísico» y
todo tipo de mixtificaciones, hijas primordiales dc la retórica.
A partir de entonces, en todos mis recuerdos se extenderá la
llanura estéril de Amarna. agonizarán sus templos abiertos al sol, sus
muros alegres y confiados, sus tumbas humilladas para los restos. El deseo de libertad, el ansia de claridades,
la búsqueda de la paz justificaban entonces mí viaje. Y preanunciaban
este libro que tenía que escribir algún día, que debía rehacer
forzosamente, que quisiera seguir escribiendo siempre aunque fuese
poniendo como excusa la idea y la práctica del viaje como método de
iniciación. Iniciación
en el primer viaje. Educación en los segundos. Madurez en lo que pueden
ir siguiente...
|