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MIGUEL GONZÁLEZ SANCHÍS |
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A Blanca, mi hija
Quien a los 22 años pequeñita como estos pocicos ama la vida desde ese otro lado que ya a nosotros nos ha sido negado.
Esta agua profundiza sus pensamientos, los alarga, van más allá del deseo, se detienen y se enamora del chorro pasando bajo su talón invulnerable.
Cápsulas de aire se precipitan se deshacen por el surco milenario de la piedra.
La mujer piedra, ayer carne nos mira y entre sus brazos se acurruca. Con el aire del crepúsculo naciendo en su mirada se balancea. Descalza baja la niña pequeña con sus pies frágiles besando silenciosa el ardor de la roca.
Los verdes enmudecen junto a las adelfas ofreciendo su flor rosada tarde.
Estás ahí esperando la llamada del último suspiro de quien ha dejado de pensar en el pecado adquirido en días de oscuridad, miedo y tristeza.
Estás ahí buscando el misterio del agua renacida en tus labios donde el beso se siente, la soledad se desea, la muerte no aparece.
Estás ahí oyendo esas voces misteriosas que la piedra retiene, el agua humedece y la noche vigila.
Tu voz última se despide del cielo bajo, el que te ofrece respuesta a tu furor de enamorada. Altura, Los Pocicos 31 de agosto de 2004 20.30 horas Del Poemario "Insomne". Segorbe, Samuel, 2004. Tu cuerpo se extiende sobre este mi llanto en el que se ahoga mi angustia por detenerte como tiempo. La oscuridad desciende hasta los talones de mis miserias. Mis huellas han aprendido a hacer sitio a la plegaria del otro, sufriente anónimo, habitador de hospitales. hálito desesperado por entender la vida, besar la vida, dejar la vida. Del Poemario "Viento y mujer". Segorbe, Seridom, 2005.
Otras obras del autor Una lectura cubista en la obra de Max Aub
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