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ALEJANDRO MARTÍNEZ ABRAÍN |
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NUEVO MUNDO, VIEJO MUNDO
El Nuevo Mundo es un experimento fracasado, una segunda oportunidad desaprovechada.
El Viejo Mundo es moho y musgo en los tejados y en las fachadas, tuberías viejas y callejas de adoquines desgastados.
El Nuevo Mundo es un roble desarraigado, una columna de cartón piedra.
El Viejo Mundo son tejas árabes sobre muros de piedra, que dan cobijo a gentes amables, que caminan con bastones de almez y cubren sus cabezas con boinas de lana vieja. LA TIENDA DE LITTLE ITALY
Hay una tienda en Little Italy que no es una tienda cualquiera, sino un pedazo ultramarino de mi tierra. Los jamones cuelgan de los techos, rezumando grasa de puerco, y los chorizos rojos y los quesos blancos y redondos, como lunas, saturan el aire de olor a sierra, a matanza y a rebaño de ovejas. De puertas adentro es Italia, o Grecia o Iberia De puertas afuera, una prolongación natural de Chinatown. En la charcutería de la pequeña Italia se reúnen al atardecer, italianos, griegos, portugueses y españoles expatriados, para hablar y para oler. Sobre todo para oler. La tienda de fiambres es mucho más que lácteos y embutidos expendidos a precio venta público. Para muchos es la infancia misma embotellada en cuarenta metros de cristal. Una infancia feliz que para siempre quedó atrás. CRECER
Podría morir mañana y haber vivido una vida de perros, con mi único corazón mordido, con mi único cerebro maniatado. Os prometo vísceras y órganos míos que moriréis creciendo y libres, como las olas de la mar.
Artículos del autor en revistas científicas
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